HER

18 de agosto de 2015   Película dirigida por Spike Jonze                    Hoy han dicho en las noticias que hay personas adictas ...

18 de agosto de 2015 
Película dirigida por Spike Jonze             
    

Hoy han dicho en las noticias que hay personas adictas a sus móviles y que no pueden pasar una hora sin consultarlo unas diez veces. Esto tiene un nombre que ahora no recuerdo. El caso es que poco a poco la tecnología nos sobrepasa, nos supera.

A mí HER me ha sobrecogido, me ha superado, porque me asusta pensar al mundo al que nos dirigimos, donde todo parece ser que será virtual. 

Theodore, el protagonista de esta película, está solo y aunque intenta “contactar” y “conocer” a otras mujeres para relacionarse después de su separación (saliendo a cenar o tomando un café), parece que es imposible hacerlo de la forma tradicional. A su timidez y falta de habilidades sociales se le suma su tristeza y soledad. Por eso, al final decide comprarse un Sistema Operativo que se convertirá en su amiga, su compañera, su consejera, su amante. Sí, Theodore se enamora de un sistema operativo, Samantha, y con “ella” comparte: amor, ternura, complicidad, humor, sexo,… incluso, música y arte. Lo compra porque en su publicidad le aseguraban que “le haría mejor persona” y él quiere mejorar. Y va y resulta que mejora como persona, como profesional, como amigo... Increíble. Samantha saca de él lo mejor. 

¿Nos estamos volviendo locos? ¿Podríamos llegar a enamorarnos de un sistema operativo? ¿Somos capaces de crearlo a “imagen y semejanza” del hombre? 

Pero, ¿una relación no consiste en intercambiar la vida, en mejorar al otro, en ayudarle, en acompañarle, en aconsejarle, en compartir buenos momentos, en reír, en llorar…? Entonces si el protagonista lo ha conseguido, ¿qué hay de malo?

Sin embargo, lo que más me ha fascinado de esta película es conocer el oficio de este personaje. Un contrasentido. Él trabaja en una empresa donde se escriben cartas personales para clientes que no saben aliviar o solucionar sus problemas sentimentales. Y me fascina porque en su trabajo, en las cartas que escribe es capaz de mostrar de una forma extraordinaria toda la sensibilidad y amor que no podría mostrar delante de una persona de carne de hueso. Y esto me sobrecoge, me supera. ¿Por qué no podría hacer lo mismo delante un ser humano? ¡Qué rabia me da! ¿Cómo quedamos? ¿Es necesario vivir la vida de forma virtual o no?


La escena final de la película me alivia. Aunque me hace pensar si el director de este film ha querido ser benévolo y comedido, porque a lo mejor piensa que los hombres de principios del siglo XXI todavía no estamos preparados ni somos capaces de entender otro tipo de vida que no sea mirando a los ojos, cogiéndose de las manos o dando un abrazo. Yo de momento, no puedo, me niego, aunque si a mi futuro sistema operativo personal le ponen voz sensual y masculina, me lo pensaré. Nunca se sabe.   



También te puede interesar

0 comentarios