NOVELA EXTRANJERA
Deseo
sábado, octubre 29, 201627 de agosto de 2015
Cuando un amigo me recomendó esta novela me “sorprendió” que me dijera que era “salvaje”. Por el título, Deseo, y la autora pensé si se refería a que tenía un contenido erótico, pero no lo tiene.
Lo salvaje de este libro está en la historia y la forma. Al principio no entendía nada de lo que me contaba Elfriede Jelinek. Poco a poco fui familiarizándome con su estilo pictórico y poético.
Jelinek cuenta esta brutal historia como si pintara un cuadro. Todos los momentos descritos son como pinceladas de colores que si las miras de cerca no tienen sentido y que debes mirar en conjunto, de lejos, para comprenderlas. Y es que aunque lo que nos cuenta sea sencillo y siga una estructura lineal, se compone de tantas escenas, paisajes y sentimientos confrontados que hacen que el lector pueda perderse y no entender a dónde quiere llegar la narradora, que es la propia autora.
Para poder seguir el hilo argumental rastreé las voces del discurso y así conseguí comprender un poco más a dónde quería llegar E. Jelinek. Ella misma es la que nos narra desde el pronombre más íntimo y arriesgado: “Por desgracia yo ya no pertenezco a ella”.Y además, lo hace en presente, para darle más realismo a lo que está contando. Lo que relata podría ser una historia real del pasado, pero contándola desde el presente la hace posible ahora mismo. Esto me sobrecoge.
También hace más cercana la historia dirigiéndose directamente al lector, sin tapujos y como si estuviera sentada a su lado: “Ya verás”. Se establece un diálogo entre autora y lector, donde quizás se busque la complicidad y el entendimiento: “Nos han reconocido”.
Y llegados aquí, me preguntaba a quién iría dirigida esta obra. En principio a todos, porque en el fondo se critica el abuso de poder, la violencia de género, el machismo, la hipocresía, la falsa moral, la injusticia laboral, la incomprensión,… Pero después lees: “nada cuadra en nosotros; no cuadran nuestras partes superiores con las inferiores, nuestras cabezas con nuestros pies, como si cada uno perteneciéramos a distintas personas (así estamos construidas la mujeres de edad madura. De algún modo perdemos la forma por el camino, ¡ya no estamos para enamorar a nadie!)”. Por lo tanto, la autora nos está hablando a las mujeres de mediana edad, como la protagonista.
Se trata de un monólogo (yo) disfrazado de diálogo (tú y yo = nosotros).
Y qué curioso que hasta mitad del libro no te enteras del nombre de los personajes. El director podría ser cualquier director; el hijo, cualquier hijo; la mujer, cualquier mujer; el joven, cualquier joven… El que esté libre de pecado que tire la primera piedra… Todos podríamos ser cualquiera de los personajes.
Pero creo que lo que más me ha gustado han sido las imágenes poéticas que se suceden a lo largo del libro. Cuando leía me preguntaba cómo pueden surgirle tantas y tan sorprendentes. Me recordaban las pinturas negras de Goya,… los cuadros Dalí, Picasso,... las escenas teatrales de Lorca o Valle-Inclán…
“¡Está borracha de sí misma, ha sacado una botella de su piel”.
“Ahora renunciemos a exponer este grupo laocóntico, en el que el uno cuelga del otro y quiere aparecer magníficamente grande.”
“Ha querido revestir de nuevo su cuerpo, y sin embargo cada día siente más los pesados sacos que tiene que cargar su piel”.
De verdad, no sabría decir si me ha gustado o no esta novela. Si la autora buscaba provocarme, herirme y hacerme sentir mal lo ha conseguido. Sólo me faltaba llegar al final, un final de Muerte, pero hasta ahí me ha sobrepasado Jelinek, la Muerte le llega a quién menos te lo esperas.
Las escenas más bestias y más brutas me han hecho sentir asco, repugnancia, horror, repulsa, indignación,... Sin embargo y aunque me duela decirlo, qué forma más bella de mostrar lo más salvaje del hombre, su lado más oscuro.
Ya lo decía M. Hernández:
“Garras que revestía
de suavidad y flores,
pero que, al fin, desnuda
en toda su crueldad.
Crepitan en mis manos.
Aparta de ellas, hijo.
Estoy dispuesto a hundirlas,
dispuesto a proyectarlas
sobre tu carne leve.
He regresado al tigre.
Aparta o te destrozo.
Hoy el amor es muerte,
Y el hombre acecha al hombre.”
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