84, charing cross road

15 de septiembre de 2015 84, Charing Cross Road  de Helene Hanff Estoy enfadada. Anoche vi el segundo capítulo de  Carlos I, el ...


15 de septiembre de 2015

84, Charing Cross Road de Helene Hanff

Estoy enfadada.

Anoche vi el segundo capítulo de Carlos I, el emperador y entre otros hilos TVE estiraba de uno muy delicado y narraba la intensa amistad entre la segunda esposa de Fernando, el Católico, y su nieto, Carlos I, el Emperador. 

Germana de Foix le decía a Carlos: “Parece que leáis mi alma”. Es verdad, la Historia nos recuerda a dos almas gemelas que se encuentran por azar, sin permiso del tiempo, ni del espacio, y que conviven con una sociedad que condena su amistad por no ser convencional o al uso. 

Y qué casualidad que hoy leo 84, Charing Cross Road y resulta que a los protagonistas de esta historia epistolar también los convoca el azar y el tiempo. 

Helene con gran espontaneidad le dice a Frank: “Lo ves, Frankie, tú eres la única alma viviente que me comprende”

La historia de 84, Charing Cross Road es bonita porque vas sintiendo cómo cambia el tono en las conversaciones y cómo la diferencia de caracteres se convierte en un complemento entre los protagonistas. Triunfa el amor por los libros, por la literatura, por la ficción y por los sueños.

Uno puede creer que estas historias son imposibles, pero aunque nos las “novelen” sucedieron en el tiempo y fueron reales. Parece como si la Historia tuviera un agujero negro donde se cuelan las relaciones más difíciles e imposibles. 

Y me enfado porque el tiempo sólo les dio "instantes", migajas de pan, para vivir esa intensa amistad tan especial.

Quizás estas historias fueron eternas y ahí reside su grandeza y su belleza. No fueron amores comunes, ni al uso, fueron grandes historias escondidas en los agujeros negros de la Historia. 

No puedo contar el final. Sólo puedo decir que he llorado. 
84, Charing Cross Road me ha emocionado.


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